sábado, 23 de enero de 2010

Los Impertinentes


Éramos filo y fuego, demasiados peligrosos hasta para nosotros mismos y eso nos llenaba de éxtasis.

Provocábamos continuamente a quien quisiéramos y el peligro nos parecía absurdo. Creíamos poseer seguridad, control y dominio sobre las cosas, sin embargo no éramos mas que grises envueltos en dudas, un sueño de Apolo, una aguja en un pajal…

Bastante tarde nos dimos cuenta de que éramos insignificantes, la fiera se nos abalanzó y en plena agonía intentamos imponernos…no hicimos mas que rasguñar la tierra estéril sin poder siquiera levantarnos del suelo.

Quedamos cubiertos del polvo que acumula el tiempo, el olvido, los rumores. En ese estado, en el que cualquiera hubiera perecido supimos resurgir extravagante y magníficamente, solo como nosotros podíamos hacerlo, los brotes de un rosal de flores negras comenzaban a germinar.

Solo un toro bastante viejo y dos vajillas de vino me coso tenerte de vuelta. Las espinas habían lastimado las manos de un esclavo cuando intento recogerte, y ya te había dicho, en la primera de nuestras vidas, que tenia una esencia real: el aroma de nuestra exótica flor opaca penetro de un suspiro el alma de un noble.

Volvimos al filo y al fuego, con la conciencia de ser eternos. Con la misma virtud con la que fuimos todo el calendario mas otros nombres importados, fuimos mil rostros, mil labios…fuimos una aguja en un pajal pero la paja se quemo.